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Revista de Revistas, nov de 1974 |
A finales de 1974 Revista de Revistas, publicación semanal de Excelsior, publicó una interesante entrevista a Chespirito, en la que comentan sobre la comedia que se realizaba en México por esos años. Además, el escritor hace un breve análisis de los principales personajes que interpretaba en ese entonces: el doctor Chapatín (que en el reportaje es señalado como profesor), el Chapulín Colorado y el Chavo del Ocho.
Es bien sabido, por boca del mismo Chespirito, que el personaje que le resultaba más cómodo de interpretar era el Chómpiras, por lo que resulta llamativo que en esta etapa temprana de sus programas, cuando el inofensivo caquito todavía no había sido ampliamente desarrollado, el personaje que lo satisfacía más era el avejentado, pero intrépido doctor de la bolsita de papel.
¿Cuáles eran sus aspiraciones? ¿Le interesaba ser admirado? ¿Qué opinaba sobre política? Estas y otras interrogantes se responden en esta entrevista, de la cual dejamos una transcripción completa a continuación, junto con las respectivas páginas escaneadas de la revista. Que lo disfruten.
“NO ES POR ADORNARME, PERO LOS ÚNICOS
LIBRETOS CÓMICOS BUENOS DE LA TV SON LOS DE MIS PROGRAMAS…CLARO, LOS ESCRIBO YO
MISMO”
Por Santana
Habla Roberto Gómez Bolaños, “El Chapulín
Colorado”
Algunos catalogan mis programas como
programas para niños ─dice Chespirito─, porque no tienen nada de nocivo; pero
yo creo que son para todo el público. También muestro algunos de los problemas
sociales de México, aunque claro, con una tendencia optimista. Los malos no
pueden ser humoristas.
Roberto Gómez Bolaños, ahora más popular
como Chespirito, que se inició en el medio artístico como escritor de cabecera de
Viruta y Capulina, señala:
─Hay algunos programas extranjeros muy
bien hechos, pero con una inversión económica enorme. Tienen buena calidad,
pero no son mejores que los míos. La mayoría de los programas cómicos mexicanos
tienen unos libretos muy malos, hechos a la carrera. Y ello se debe a que no
hay gente con preparación que se dedique a esto. Los únicos que se defienden
dentro de la comicidad son el Loco Valdés y Madaleno, pero porque son buenos
improvisadores. Fuera de ellos…no es por adornarme, pero los únicos libretos
cómicos buenos son los de mis programas. Claro, los escribo yo mismo.
─¿Podrían los escritores humorísticos
profesionales elevar la calidad de los programas cómicos?
─No sé qué resultado traería el ingreso de
humoristas profesionales a la televisión. Creo que Carlos León ya lo ha
intentado, y si va a hacer lo mismo que le escribe en las películas a Cantinflas,
mejor que no lo haga. De Marco A. Almazán sería cuestión de ver si se adapta a
la TV.
Puede decirse que, en general, los
intelectuales han menospreciado siempre la comicidad. Por eso es que se ve tan
mal el panorama.
“Para ser sincero, a nuestra televisión le
hace falta talento en general, principalmente de escritores. Y dinero, a fin de
que se realicen mejores cosas”.
TRES CRIATURAS
Gómez Bolaños describe luego los
personajes que aparecen en sus programas:
─Creo que por mayoría de edad debo empezar
por “El profesor Chapatín”. Surgió de la serie La mesa Cuadrada. Está creado
con un poco de alevosía, porque tiene la ventaja de que a los viejitos les
perdonamos todo. Entonces él puede ser un viejito metiche, abusón, latoso,
coqueto, etcétera. Nunca se los tomamos a mal. Por otra parte es el personaje
que personalmente me satisface más, quizá porque es lo que hubiera querido ser
en la vida real. Representa mi liberación.
“Le sigue El Chapulín Colorado, que
considero el personaje fuerte. Guardando las debidas provocaciones, fue creado
con un poco de burla tomando en consideración que Cervantes hizo El Quijote
para burlarse de las historietas de héroes que nos inundan.
Intencionalmente tiene los atributos
contrarios a los de esos héroes: es débil, torpe, miedoso, tonto, le gustan las
mujeres. En una palabra, los niños se identifican con él precisamente por esos “atributos”.
Considero que ha sido útil para los niños en ese sentido, porque los héroes
aquellos los defraudaban, sentían miedo y se sabían con limitaciones de
agilidad, destreza; se pensaban que eran impotentes para realizar actos heroicos.
En cambio El Chapulín les ha demostrado que el valor no consiste en no tener
miedo sino en superarlo.
“Ahora, tenemos al Chavo del 8, que
representa esencialmente la ternura, con un humorismo pleno de elementos
humanos. El Chavo es un buen chico del cual se desconoce totalmente su origen,
su nombre, su ascendencia, y está rodeado por los representantes de una
sociedad: la niña pícara que provoca el noventa por ciento de los líos, el
padre sufrido de ésta, el niño de mejor posición económica y mimado además, la
madre de éste, el casero que no es tan malo como podría suponerse y la típica
señorita quedada. Eventualmente participan otros personajes.
“Todos los que intervenimos en los
programas trabajamos con un entusiasmo bárbaro, desde el más humilde
colaborador. Y el teleauditorio recibe una diversión sana. La gente no solo
tiene el derecho, sino la obligación de divertirse. Los que no se divierten son
los enfermos y amargados, y eso, aparte de que es contagioso, hace mucho daño.
Estoy seguro que la gente se divierte con lo que le damos”.
LA IDEOLOGÍA POLÍTICA ES SECUNDARIA
─¿Le gusta sentirse admirado por la niñez,
o prefiere que le admire el público en general?
─No me interesa ser admirado, me interesa
que a la gente le guste lo que hago, que le satisfaga, pero no hago concesiones:
si para satisfacer al público tuviera que ir contra mi manera de pensar, no lo
haría.
─Mis aspiraciones son sencillas,
realizarme como hombre y como cristiano. Cumplir en la vida la misión que Dios
me ha encomendado en la Tierra. Creo que entretener sanamente, sin hacer daño,
a veces parece simple; a mí me parece suficientemente noble, porque veo que la
gente necesita distraerse como el comer y dormir. Independientemente, claro
está, me preocupa la educación y formación de mis hijos.
─¿Fue la suya una infancia feliz?
─No, mi niñez fue muy feliz. Fui un niño
de la clase media, del montón; ni pasé hambre ni tuve lujos.
Nunca tuve una bicicleta ni tren eléctrico,
pero eso sí, jamás me faltaron zapatos.
Al hablar sobre política expresa:
─Conozco muy poco de eso, pero creo que
hay un defecto en muchos lados, casi todos los regímenes serían buenos de
acuerdo con la honradez de sus gobernantes, pues el progreso de los pueblos,
desde mi punto de vista, no depende de la tendencia ideológica. Si se imparte
justicia con equidad y honradez, la ideología política es secundaria.